La mierdificación y la pirámide del recorte
No sé en qué momento nos tragamos que esto era normal.
Que una empresa te suelte “beneficios récord” con una mano, y con la otra te meta un ERE, te congele el sueldo o te diga que “este año hay que apretar”.
Y no hablo de una empresa pequeña ahogada. Hablo de las de siempre. Las de arriba del todo. IBEX, telecos, banca, energéticas. Las que salen en portada cuando toca hablar de “eficiencia” y “transformación”.
Últimamente le doy vueltas a una idea que me da bastante asco por lo precisa que es: mierdificación. Normalmente la ves escrita en inglés, enshittification. Es ese proceso en el que algo no se rompe de golpe, pero cada año funciona un poco peor para casi todos. Sin drama. Sin titular. Sin “boom”. Sólo degradación lenta.
Lo que me inquieta es que, mientras ese desgaste se nota en el día a día, arriba suele salir mejor la cuenta de resultados. Y no como una casualidad. Más bien como el síntoma de que el sistema está diseñado para que eso ocurra.
En España se ve muy claro si lo piensas como una pirámide. Arriba del todo están las grandes. Debajo, las consultoras y los integradores. Más abajo, las subcontratas. Luego las sub-subcontratas. Y en la base, la gente que sostiene el servicio de verdad: los que levantan la persiana cada mañana para que “todo funcione”.
Y aquí viene lo perverso: el recorte baja por gravedad. No hace falta que nadie lo planifique con maldad. Pasa solo. Arriba recortan presupuesto. En medio se convierte en exigencias y “reformulaciones”. Y cuando llega abajo, ya no es una cifra: es sueldo, condiciones, presión, rotación. Vida real.
Por eso cuando alguien pregunta “¿cómo puede ser que haya beneficios y a la vez despidos?”, a mí ya no me suena a contradicción. Me suena a coherencia. A un modelo funcionando exactamente como está pensado.
La subcontratación es una pieza clave de esa máquina. Tiene el marketing bonito de la “flexibilidad”, los “partners”, el “ecosistema”… pero muchas veces es una trituradora de responsabilidad. Cuando algo sale mal, nadie es dueño. Todos son “un poco responsables”. Y al final el último eslabón se come el marrón entero. Sin poder. Sin margen. Con cara.
Lo que pasa en la base no sale en ninguna presentación. Sale en pasillos y en chats: gente quemada, gente que se va, conocimiento que se pierde. Servicios sostenidos con heroicidades y parches. Calidad que cae mientras el KPI se maquilla para que parezca que todo va bien.
Y lo peor es que esto no llega de golpe. Llega por acumulación. Mes a mes. Trimestre a trimestre. Como si el país entero se gestionara a base de cierres mensuales y powerpoints.
No sé. Tengo la sensación de que un país no construye bienestar si sus “vértices” crecen a base de exprimir su propia cadena. Eso no es competir. Eso es comerse el futuro a cucharadas.
¿Tú dónde lo notas más: telecos, banca, energéticas… o sector público?